Tras rebuscar un poco por la red, me he decidido por uno de los links que nos proporcionan las anfitrionas de Bake the World y he preparado la receta que comparte el blog Hierbas y especias. Me parece muy sencilla, está estupendamente explicada y el resultado es extraordinario. En esta versión, el baño previo al horneado se hace con agua y bicarbonato en lugar de con sosa cáustica, cosa que echaba un poco para atrás, la verdad. Aunque no descarto probar esa opción en un futuro, pues por lo que he leído, salen incluso mejor.
Ingredientes:
500 gr. de harina de fuerza
250 gr. de agua
20 gr. de levadura fresca
20 gr. de manteca de cerdo ibérico
1 cucharadita de sal (unos 7 gr.)
Sal Maldon, semillas de sésamo y de amapola para adornar
1/2 l. de agua y 50 gr. de bicarbonato sódico para el baño
Diluir la levadura en la mitad del agua templada y volcar los ingredientes en el recipiente de la panificadora (excepto los del adorno y los del baño, claro). Conectar el programa amasado (en mi caso 15 min.) Queda una masa lisa y manejable, (de hecho no daría ningún problema para amasarla a mano) que dejaremos reposar en un recipiente grande y engrasado y cubierto hasta que doble ampliamente su volumen.

Ponemos a hervir el agua con el bicarbonato y, cuando entre en ebullición, sumergimos los pretzel de uno en uno durante unos 45 segundos. Los depositamos directamente sobre la bandeja de horno y los pincelamos con yema de huevo batida. Espolvoreamos con sal Maldon y semillas y dejamos reposar unos 20 ó 30 minutos, mientras se calienta el horno a 200º. Horneamos hasta que estén doraditos.
Recién hechos están irresistibles, con una miga tierna y esponjosa, y con esa corteza característica que le proporciona el baño en bicarbonato. Con muy poco esfuerzo tenemos un pan de lujo a nuestro alcance.
Y acompañados de un buen surtido de salchichas alemanas y una cervecita bien fría, es toda una fiesta.